martes, 29 de julio de 2008

Vampírico amor


Hay hechos que sacuden tus emociones; pero hay actos que quedan bajo tu dermis y revuelven cada porción de las partículas que te componen como ser humano. No hay manera de multiplicar las ganas de ser otra persona, aunque sepas que eso no se volverá realidad. Sólo las esperanzas de coger el mundo por los pies, son las que valen; y te hacen estar sobre un piso recubierto de un asfalto inestable. Eso es o es lo que vale, eso es lo que es.

Al mas puro estilo de las película de comienzo de siglo, en la cual se plasmaba a un hombre que por las noches se alimentaba de sangre humana y denominaban "Drácula", es como se ha perfilando, solitario, el vampiro de la actualidad. Si bien no se alimenta de sangre, o quién sabe; y puede volar, es un completo extractor de la sangre que corre en las venas de corazones que se dejan encantar por frases hechas y detalles galantes. Quizás, sería menos doloroso que extrajeran a grandes cucharadas tú sangre, pero no se conforman sólo con eso, sino que además tus sentimientos quedan aniquilados al creer en falsas promesas, que jamás llegan a buen puerto.

¿Cómo reconocerlos? La verdad, todos gracias a la experiencia tenemos desarrollado un radar interno, que permite darnos cuenta de quién está en frente y qué busca, sólo que a veces ese tan fiel radar se deja engatusar por falsos recursos de seducción, que dejan atrás un pasado de desilusión amorosa. Un lindo rostro no siempre es una buena persona, eso mirado del lado superficial, pero son ellos los que más calan dentro del ingenuo corazón. Si buscas un lindo rostro y un cuerpo perfecto no esperes "siempre" una persona con contenido e inteligencia, pues gracias a los prejuicios se creó una bolsa que admite a estos personajes desechables en la sociedad; y es el rubio de cuerpo atlético y ojos turquesa, el que toma parte dentro de este saco.

No basta con sacar las mejores cualidades de tu personalidad, frente a este vampiro; mostrar que eres un ente con opinión, de la mano de un trago que sirve para amenizar, no sirve más que para demostrar, luego de largas charlas filosóficas, en cuanto a las vueltas de la vida, que eres sólo uno más. Uno más, de muchos otros que llenaron esas sábanas de la pieza color púrpura, con ínfulas de ser una pieza de niña consentida y mimada, con sed de rebeldía y descargo por tan desafortunado destino.

El ser uno más de aquellos, quizás te llene de orgullo y te haga vanagloriar de haber compartido tu espacio íntimo, junto al más deseable personaje de tu circulo de amigos; pero no es más que un amor platónico, que llenó de esperanzas aquel abandonado sentimiento que es, para muchos frase cliché, el amor.

Los colmillos, quedan en tu cuello como dos forados que parecieran no tener fondo, pero error, si lo tiene. Terminan justo en el principal órgano del cuerpo, el encargado de bombear la sangre al resto de tus órganos vitales y guardar los sentimientos más bellos que afloran en el ser humano. Se ciernen como heridas de guerra que harán recordarte a cada minuto lo victima que fuiste, y estar alterna en el caso de enfrentarte nuevamente a este Drácula moderno.

El resultado, haber sido una víctima más de aquel extractor de sentimientos que utilizó tu cuerpo y saco lo mejor de ti, para luego pasar a su interminable lista; escrita en una esquela arcoíris de entes utilizados y aprovechables, que quedaron dañados y pisoteados por creer en aquellos cariños y miradas cubiertas de corazones imaginarios, que no lograron mas que desconfiar de los siguientes pretendientes que, talvez no sean vampiros; y quieran tu amor, pero ese cuerpo dañado toma un perfil escéptico, de cicatrices latentes que no volverá a creer en falsos idilios de amor…

No hay comentarios: