miércoles, 3 de marzo de 2010

Un día café.-


Te fui a buscar con tu café en una mano y mi diario en la otra... eso de visitar tu lugar de trabajo me suena a sobre protección, quizás a ti te suena a joteo. En fin... así lo pediste.
Esperé en la puerta; esa puerta grande con olor a 'viejo'... No quise llamar, así podría fumar un cigarrillo, pero antes de todo saliste. Antes de tiempo pero nunca inoportuno, con ese aspecto despreocupado como si no te importara lo que vistes cada día.
Raro, pero a pesar de que no esperaba verte aun, me alegró la sonrisa que apareció en tu rostro cuando me viste... Esos nervios tuyos cada vez que nos juntamos simplemente me encantan; pusiste tus manos en mis orejas que ya estaban rojas de caminar desde el auto hasta tu puerta... me besaste.
Eso que ambos habíamos esperado todo el día, tus labios tibios junto a los míos fríos, así... así estuvimos hasta que empezó a lloviznar.
Tomaste mi mano y me invitaste a entrar... subimos la escalera infinita por la que tantas personas importantes han pasado, pero que tu sólo usas para deslizarte cuando estas aburrido. Me sentí casi como en el Titanic, nunca pensé en un final tan parecido...
Me senté en tu sillón favorito, ese verde de terciopelo en el que duermes la siesta. Te miré mientras prendías la chimenea.
Luego de limpiarte las manos me quitaste la boina roja que usaba... sólo para darme un beso en la frente. Sacaste el sweater gris que llevabas y lo pusiste sobre mis hombros y así sin más volviste a tu escritorio y abriste esas carpetas que dices son tan importantes, yo volví a mi diario.
Segundos, minutos y tuve que volver a ti... es que la sonrisa de oreja a oreja que tengo no me permite mantener mi atención en otra cosa que no seas tu, me sentí cada vez más afortunada al ver que a ratos tu también te fijabas en mi.
Por fin felices, finalmente tu y yo, luego de varias horas decidiste que ya era suficiente de trabajo, terminaste con tus cosas de arquitectos y gente importante y salimos... aun más felices que cuando entramos.
Me acompañaste a mi auto que estaba a sólo dos cuadras del lugar, nos besamos como si fuera la primera vez, y así de feliz me fui. Pensaba en los preparativos del matrimonio, las invitaciones, el vestido, etc... a tres minutos de haber comenzado a manejar recordé que aun tenía tu sweater gris en mis hombros, lo olí y decidí devolverme a entregártelo... nadie quiere que el novio esté resfriado el día del matrimonio verdad?... Luego de andar tres cuadras, doblé en la calle donde esta tu oficina.


...


No lo podía creer.

...


En dos segundos se me pasó el frío... la sangre me subió hasta los ojos.


...


... ¿cómo?, ¡¿por qué?...


No tuve otra opción, luego de verte besando a la fotógrafa estrella de mi trabajo, lo único que pensé fue: 'si no hago esto ahora, entonces lo dejaré pasar'. Me bajé y los encaré, entre otras cosas te llame un excremento de la sociedad y en ningún momento dirigí la mirada hacia ella, con lágrimas volví a mi auto y tu tan campante como siempre... No tuve más opción que acelerar y retroceder sobre ti hasta que me fui a negro.


Tres semanas encerrada, Doce horas de sueño en total... me alimento en ocasiones, pero ¿sabes qué?... tu sweater gris lo cambié por un café, un burdo café instantáneo ... supongo que es de los peores que he probado y...



'Nunca pensé que algo tan asqueroso se pudiera disfrutar tanto'.